Três poemas de Francisco  Madariaga 

                                                                           Traduzidos  por  Floriano Martins

 

 

       


UNA REZA


Reza por la reza de las apariciones ronca por la ronca de las enterraciones
y vuelve los ojos al paisage metido dentro de la carne y del fuego del
movimiento humano más real el de pasitos de hombres en el espacio humillado
por sus elegantes desnutriciones, oh país límpido, intercambiado con
tartamudos y despanzurrados y afeitados por el llano y asesinadores
engendrados en las negras copulaciones entre ramos y entre santos de ojeras
casi naturales, yo exclamo que duermo sobre la arena caída en la desventaja
de mis maduraciones que solozan todo el poder del fuego.

Yo, que tengo el alimento más moderno, estoy rastreando el invierno y las
pudriciones de estos llanos.

 


UMA REZA


Reza pela reza das aparições brame pelo bramido dos enterros
e volta os olhos para a paisagem metida dentro da carne e do fogo do
 movimento humano mais real o de passinhos de homens no espaço humilhado
por suas elegantes desnutrições, oh país límpido, trocado com
gagos e estripados e tosquiados pela planície e assassinos 
engendrados nas negras copulações entre ramos e entre santos de olheiras
quase naturais, exclamo que durmo sobre a areia caída na desvantagem
de meus amadurecimentos que soluçam todo o poder do fogo.

Eu, que tenho o alimento mais moderno, estou rastreando o inverno e as
podridões destas planícies.

 

 




  TEMBLADERALES DE ORO

                                                  A Alfredo Martínez Howard, In memoriam


El dolor ha abierto sus puertas al agua de oro del oro que arde contra el
oro el oro de los ocultos tembladerales que largan el aire de oro hacia los
rojos destinos pulmonares com el acuerdo de los fantasmas de oro coronados
por los juncos de oro bebiendo los caballos de oro los troperos de oro
envueltos en los ponchos de oro - a veces negro a veces rojo celeste verde -
y el caballero que repasa las lagunas de los oros naturalmente populares el
que se embarca en las balsas de oro con todos los excesos de pasajeros de
oro que manejan los caballos de oro con los rebenques de oro bebiendo en la
limetilla de oro del barro de oro de los sueños de los frescos del oro entre
la majestad de las palmeras de oro y de los ajusticiados y degollados en las
isletas de oro de yacarés de oro del oro del amor.

 



PANTANAIS DE OURO
                        
                                 A Alfredo Martínez Howard, In memoriam

A dor abriu suas portas para a água de ouro do ouro que arde contra o ouro o
ouro dos ocultos pantanais que largam o ar de ouro aos vermelhos destinos
pulmonares com o acordo dos fantasmas de ouro coroados pelos juncos de ouro
bebendo os cavalos de ouro os tropeiros de ouro envoltos nos ponchos de
ouro - às vezes negro às vezes rubro celeste verde - e o cavaleiro que
repassa as lagoas dos ouros naturalmente populares o que embarca nas balsas
de ouro com todos os excessos de passageiros de ouro que cavalgam os cavalos
de ouro os chicotes de ouro bebendo na jarra de ouro do barro de ouro dos
sonhos dos afrescos do ouro entre a majestade das palmeiras de ouro e dos
justiçados e degolados nas ilhotas de ouro de jacarés de ouro do ouro do
amor.

 

 

 

 



  GARCILASO EN UN SOL VERDE

                                                               A Guillermo Barnes



En una plaza verde, con viento y sol,
surgió un deseo en el horizonte brillante del río:
una mujer con alas.
¿Sabrá volar y alzar su sangre hasta la copa de los árboles,
para que beban los pájaros del desamparo,
y también los pájaros con plumas de caballeros armados con el amor jubiloso?
Respóndeme, oh "claro caballero de rocío", Garcilaso de la Vega,
que amaste a una señora, no a una doncella:
señora en un castillo con una celda verdadera, cuyos barrotes se rompieron para vos.
Garcilaso, despiértame con tu ruido de armas,
templadas para hundirlas en el corazón de lo más cristalino del agua blanca
de las hadas,
pero también del fuego.
Garcilaso, soy tu tropero:
el que en las llanuras del reino del corazón arrea los aromas de la señora
que te amaba,
y disperso esa tropa perfumada sobre la tumba del caballero delicado,
el poeta guerrero,
mojado por el rocío rojo del amor.



GARCILASO EM UM SOL VERDE

                                                            A Guillermo Barnes


Em uma praça verde, com vento e sol,
surgiu um desejo no horizonte brilhante do rio:
uma mulher com asas.
Saberá voar e erguer seu sangue até a copa das árvores,
para que bebam os pássaros do desamparo,
e também os pássaros com plumas de cavaleiros armados com o jubiloso amor?
responde-me, oh "claro cavaleiro do orvalho", Garcilaso de la Vega,
que amaste uma senhora, não uma donzela:
senhora em um castelo com uma cela verdadeira, cujos barrotes se romperam
para ti.
Garcilaso, desperta-me com teu ruído de armas, temperadas para cravá-las no
coração do mais cristalino da água branca das fadas,
mas também do fogo.
Garcilaso, sou teu tropeiro:
o que nas planícies do reino do coração toca os aromas da senhora que te
amava,
e dispersa essa tropa perfumada sobre a tumba do cavaleiro delicado,
do poeta guerreiro,
molhado pelo orvalho vermelho do amor.